Seguro que recuerdas imágenes de la televisión en las que sacaban al típico “armario” 4×4 que salía rompiendo una guía telefónica como si de una simple cuartilla se tratase.

Y tú quizás lo hayas intentado imitar dándote cuenta de que es algo reservado exclusivamente para colosos de la naturaleza, o bien, ni siquiera lo hayas intentado por la fuerza física que “a priori” requiere de quien intenta hacerlo.
Pues aquí te traigo un vídeo de un chico “normal”, vamos que sus brazos son normales, no parecen piernas, ni tienen venas del tamaño de tuberías; que te explica como poder lograr partir por la mitad una guía telefónica con tus propias manos y romper así el mito de que es algo sólo reservado a superhombres.
Si has seguido las indicaciones, el truco básicamente se encuentra en tratar de doblar un poco las hojas de la guía por el centro, de modo que se establezcan pequeños orificios de aire entre las hojas y así poder ir partiendo las hojas una a una, en lugar de tratar de romper un bloque compacto de cientos de hojas, algo mucho más difícil y que requiere mayor fuerza.
Bueno, ¿a qué esperas para destrozar las páginas amarillas de tu casa?
Por supuesto, si le coges el tranquillo, se trata de algo que puede dejar completamente boquiabiertos a tus colegas y flipando a las chicas, ![]()







5 Comentarios ↓
alfredo el 23 de Abril de 2007 a las 10:07
¡Fantástico! Por fin descubro el este secreto. Llevaba muchos años perplexo y embebido desde que un amigo del colegio me aseguro que su abuela en un ataque de rabia rompio una guía telefónica. Realmente el tiempo pone las cosas en su sitio y ya puedo quitarme la imagen de abuela monstrenca que tenía de esta anciana, e imaginarmela dulce y cariñosa, como han de ser las abuelas.
Miguel el 23 de Abril de 2007 a las 11:07
Yo más que en practicar con las páginas amarillas de casa, se me había ocurrido aplicar la técnica al cuello de ciertos individuos que me hacen la vida imposible… ¿se puede?
Por cierto: aunque el artículo tiene su interés (no estoy ironizando, de verdad), lo que realmente me tiene inquieto es, ¿dónde cojones mira Alfredo en el Gravatar?
Juan el 23 de Abril de 2007 a las 15:09
Tengo la piel de punta!! Me siento indigno de conocer tan profundos secretos, he tomado la decisión de desatarme mis sandalias y quitármelas cada vez que vea el vídeo.
Ya descalzo paso a decir que como método para ligar me parece sencillamente infalible. Me imagino moviendo las caderas en un garito intentando camelar a alguna desafortunada cuando de repente brota de entre mis manos una guía QDQ de las gordas y con un elegante ademán millones de hojas cayendo suavemente en la pista…..ciertamente infalible.
YA os contaré que tal sale.
En cuanto a lo de alfredo puedo adelantaros el sentido de su gravatar:
Siempre ha sido gran admirador de Shakespeare ( o Secspir), pero sobre todo de su personaje Julieta. Una tarde me pidió le retratara en esa pose en la que la bella aparece esperando a su amado que ya no volverá. Así le vemos, con la mirada perdida escrutando el horizonte mientras que un suspiro florece en su boca y recorre la estancia, su largo pelo y su remolino traen aromas de un amor despechado… es el momento precedente al trágico desenlace final.
Pues bien creo que queda aclarado el asunto aunque seguro que Afredo estará encantado de explicároslo personalmente.
saludos
Jaluro el 23 de Abril de 2007 a las 20:28
Juan, puesto que conoces el proceso de creación del gravatar de Alfredo y su relación con Julieta, propongo que crees tu gravatar imitando a Romeo y así disponer de tan lírica pareja de gravatares.
En cuanto al proceso de ligue, es muy recomendable, así es que esperamos tus informes detallados de los progresos que se alcanzan con la técnica.
Ciao
alfredo el 24 de Abril de 2007 a las 11:03
Lo cierto es que ni Juan me retrató, ni mi remolino esta despechado, ni me llamo Julieta, ni me gusta sexpir. Bueno a lo mejor me gusta, pero no le he leido.
La foto la tiró Luis Angel creo, en las llanas tierras de holanda, en una especie de barracones en los que dormiamos una docena de varones. Al otro lado del patio al cual daba esa ventana, se encontraban las estancias de las chicas. Y era mi intención encontrar otra mirada de complicidad asomando tras aquellas cortinas. No fue así.
Tal vez por eso algunos vean en mi gravatar una mirada perdida, algo nostalgica, y otros autenticas obras de teatro. Es todo lo que puedo decir
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